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jueves, 12 de marzo de 2009

En una sala de espera

Hace un tiempo, en la sala de espera del servicio de obstetricia de un hospital, una mujer marroquí se convirtió en blanco de la "curiosidad" de un buen ciudadano español.

Ella, joven, embarazada y con un bebé en brazos. Vestida con pantalones vaqueros, abrigo y hiyab.

Él, mayor, acompaña a su mujer y su hija embarazada. Lee el ABC a través de unas pequeñas gafas acomodadas en el extremo de su nariz.

El resto, sin otra opción que esperar, nos entreteníamos como podíamos.

La mujer musulmana y la hija de nuestro buen ciudadano intercambian miradas y sonrisas al hilo de los juegos del bebé de la primera. Al poco empiezan a hablar sobre el mismo. Una conversación intrascendente, sin otro propósito que pasar el tiempo y relacionarse.

Nuestro buen ciudadano observa la escena, y después de un rato mirando por encima del periódico a la joven inmigrante, se dirige a ella. Educado y sonriente, pero con la mirada fija en los ojos de la chica, comienza su interrogatorio.

Son preguntas directas, personales, de las que no sueles hacer a quién no conoces.

"¿tu marido te ayuda?", "¿aprendes español?", .... "¿te deja trabajar?"

Ella, sorprendida va respondiendo y en sus respuestas, que tratan de demostrar seguridad, se va filtrando la rabia por sentir cuanto en ellas hay de justificación. Por sentir que los detalles de su vida personal se acaban de convertir en los elementos para defender a toda la comunidad musulmana.

"mi marido se ocupa del niño en casa y también cocina", "aprendí español en Marruecos"... "Siempre hemos trabajado los dos. Yo ahora trabajo de cajera en ..."

Él mira y calla unos segundos... "Ah!, trabajas... eso esta bien". Retoma su periódico.

Yo, desde mi rincón, me pregunto si opinará lo mismo de cualquiera de las mujeres españolas que nos acompañan en la sala y que, pudiendo hacerlo, han optado por dejar sus trabajos ante la maternidad. ... sospecho que no.

Sobre ellas no pesa sospecha alguna de sumisión.

Imagen (bajo licencia CC): sala de espera (javiekitela)

5 comentarios:

migramundo dijo...

No estoy seguro acerca de lo que dices en la última línea respecto de la "sospecha de sumisión". Las estadísticas sobre violencia y maltrato parecen indicar otra cosa, aunque, claro está, no nos guste reconocerlo. Buena historia la que cuentas.
Te he incluido en el Premio al Esfuerzo, una cadena que puedes ver en mi blog. Apertas.

June Fernández dijo...

Bueno, estoy de acuerdo con Migra en que la sospecha de sumisión es extensible a todas las mujeres. Lo que ocurre es que las musulmanas se enfrentan a una triple discriminación: por ser mujeres, inmigrantes y de la cultura más prejuzgada (junto a la gitana, diría yo).

En fin, me repugnan esas actitudes paternalistas y esa superioridad moral. Más le valdría al del ABC analizar sus propios micromachismos. Y desde luego que esa actitud de bombardear a preguntas personales indica que más que considerarla una persona, la considera una cobaya o algo así.

Yo también te he premiado.

JLuis dijo...

Claro. Yo también creo que la sumisión no es, en absoluto, exclusiva de las mujeres musulmanas o inmigrantes en general...

Pero quién no parecías tenerlo claro era este bueno señor... para él la sumisión es patrimonio de los otros.

Gracias Guillermo. Un Abrzo

JLuis dijo...

Lo has clavado June... Este buen hombre se sentía legitimado para preguntar y valorar la vida de la mujer exclusivamente porque se considera moralmente superior...

De ahí el paternalismo y demás.

Un abrazo y muuuuchas gracias.

Tía Doc dijo...

Buenas a todos, comparto lo que han aportado, y agrego que como dijo June Fernández:

"triple discriminación: por ser mujeres, inmigrantes y de la cultura más prejuzgada".

Esa ligera diferencia lleva a que esa mujer se vea envuelta en un interrogatorio, y responda intentando ganar la pretendida seguridad.

No creo que ese señor, vaya a toda madre que se cruce en una sala de espera haciendo esas preguntas...

Pero bueno..., creo que de a poquito las cosas irán mejorando.

Un saludo total.

Tía Doc