Quantcast De vuelta y media: No hay diferencias
Cargando

jueves, 12 de febrero de 2009

No hay diferencias

Un inmigrante irregular, localizado por la policía en un control de carretera, es encerrado en un centro de internamiento en espera de ser deportado.

Las condiciones en el centro son duras: hacinamiento y una total falta de intimidad que roza el limite de la dignidad. Una hora de luz natural al día y poco que hacer el resto del tiempo.

La absurda y gratuita deshumanización de la burocracia retrasa por dos ocasiones la repatriación alargando el encierro.

Es una historia que se repite a diario en España, protagonizada por personas que llegaron buscando un futuro mejor y cuyo sueño, justo en este punto, llegaría a su fin.

Sin embargo, en esta ocasión la historia es la de un joven español deportado desde Estados Unidos.

Un joven que ya en España, de vuelta a su casa, reflexiona sobre lo kafkiano de su paso por el centro de detención de El Paso, en Texas.

El modo de ver la situación cambia cuando el protagonista es alguien que percibimos como uno de los nuestros. Las condiciones parecen más duras e injustificadas cuando las sufre alguien que podría ser el hijo de nuestro vecino.

Sin embargo no hay diferencias.

Actualización 13/02/09:

Bueno si. Si que hay una diferencia, que apunta Algarabía y que no es menor.

La diferencia es que nuestro protagonista regresa a un país sin grandes dificultades sociales o económicas, y los inmigrantes repatriados desde España a sus países vuelven a las mismas carencias que trataban de dejar atrás.

La diferencia es que la espera en el centro de detención no puede ser igual para quién sabe que vuelve a ese país en el que la esperanza migró con mayor fortuna que él.

Al final, ciertamente, yo mismo caí en el error que trataba de señalar. Gracias compañera.

Imagen (bajo licencia CC): Two way (photographer padawan)

3 comentarios:

algarabia dijo...

Quizá si hay una diferencia J. Luis. El español será deportado a un país donde la norma no son la miseria, la violencia y la falta absoluta de expectaitvas. Imagino que no debe ser igual pensar, mientras se está confinado en uno de esos infames centros, que vas a volver a tu confortable casa que pensar que te espera, quizá, la cárcel o la muerte por ser un disidente, o la miseria más absoluta y la de tu familia en tu país de origen. En el segundo caso, la pesadilla se prolonga. En el primero, probablemente se acaba. Me temo que la situación de los inmigrantes que llegan a España es bastante más desesperada que la de los inmigrantes españoles.

Un abrazo.

JLuis dijo...

Sin duda compañera. Donde no las hay, frente a la tendencia a pensar en lo mal que lo tuvo que pasar, es en las condiciones.

Han escrito un artículo sobre un caso puntual allí, dejando de lado las centenares de situaciones que a diario ocurren aquí

Un abrzo

JLuis dijo...

Finalmente he actualizado este post. Tienes razón compañera.

Lo cierto es que si hay diferencias, y que yo, tratando de señalar que se percibe de distinta manera, he caído en el mismo error perceptivo.

Gracias amiga. Una abrzote