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sábado, 21 de febrero de 2009

Dos lecturas duras, sucias, tristes,... pero muy recomendables

Durante este mes he leído dos reportajes aparecidos en el País que me han impresionado y os quiero recomendar.

El primero es de principios de mes y lo firma Miguel Mora. Sus crónicas sobre la situación de la inmigración y el racismo en Italia me parecen especialmente clarificadoras y entre ellas hay una, "condenada a ser condenada", que destaca.

Seguro que recordaréis la ola de violencia contra la población gitana que se desencadenó en Nápoles en Mayo, la quema de campamentos y la sucesión de agresiones. Entonces una amiga bloguera se preguntaba "¿qué esta pasando?". Ahora sabemos la respuesta.

La versión oficial dice que la mecha fue prendida por el intento de robo de un bebé por parte de una adolescente rumana. Tras el juicio ha sido declarada culpable... sin embargo hay algo más que sombras sobre lo ocurrido.

"El tiempo, los meses pasados desde entonces, han revelado que bajo los salvajes ataques fluía un enredado cóctel de motivos elaborado con ingredientes de la peor marca. Degradación y miseria, racismo y demagogia, crimen organizado y especulación urbanística."
Es una historia dura, sucia... triste. Sus protagonistas llevan burdas máscaras que, parece, han bastado para firmar una condena y justificar la criminalización de un colectivo.

El segundo reportaje que os propongo no es menos duro. Se titula "Mujeres Invisibles" y lo firma Lola Huete.

Relata la crudeza de las condiciones de las mujeres subsaharianas que migran hacia Europa. Son historias de prostitución, e historias de violaciones y abortos. Historias de personas que, en este teatro migratorio, son los personajes secundarios, casi invisibles a los ojos de quienes diseñan las prioridades.

Pero también son historias de dignidad. De esa pequeña (gran) parcela de dignidad que se reserva quién sabe guardar silencio para darte tiempo a entender sin tener que ponerlo en palabras, o de la dignidad de quién sabe que en ocasiones, antes que callar, mentir o salirse por las ramas, hay que hablar abiertamente.

"Ekra es capaz de verbalizar su situación. Happiness, de ironizar sobre ella. Rachel o Catherine, de denunciarla. Otras subsaharianas callan. Porque no sabrían por dónde empezar; porque no quieren ser vistas siempre como víctimas ("Lo odian, de hecho; hacen siempre todo lo posible por mantenerse enteras, vivir lo que les toca con dignidad", dicen en CF) o porque prefieren dejar que sobreentiendas."

Son historias también sucias y tristes, pero en este caso sus protagonistas brillan. No hay máscaras.

Imagen (Bajo Licencia CC): Spare parts (MadMannequin)

2 comentarios:

Alicia Mora dijo...

Hola JLuis..me rompe el alma leer estos artículos, tan sangrantes, tan reales. Que lástima que no se les rompa algo por dentro a los que pueden remediar esto, a los que callan y se lucran....
Fantástico post, y aunque duela, tus recomendaciones de lectura son tristemente obligatorias.
Dentro de un par de semanas, parto para Etiopía...espero ver esperanza, espero ver algo de luz en un país asolado por las sequias y el hambre.
Besos
Pd- Y no te lo dije, felicidades por el manifiesto.

JLuis dijo...

Alicia, de vez en cuando ese lado sucio y oscuro de la vida se deja ver y entonces es difícil mantener el alma entera.

Vuestro viaje, por el contrario, es un ejemplo de todo lo contrario. Mucha suerte

Un abrzo