Quantcast De vuelta y media: El racismo que no da la cara
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lunes, 26 de enero de 2009

El racismo que no da la cara

Tendemos a reservar el calificativo de racista para aquellas personas con actitudes y comportamientos abiertamente agresivos.

Consideramos racista a quién insulta, menosprecia abiertamente o se vale de la agresión física para demostrar su desprecio al diferente.

Agresiones en el metro, cuando son grabadas por cámaras de seguridad, o linchamientos en campos de fútbol que llevan al hospital a la mitad de un equipo, son sucesos que captan la atención de los medios y a los que respondemos con rabia e inquietud.

Pero a estos sentimientos les sigue cierta tranquilidad al comprobar en la prensa que los actores de estas agresiones son personas de marcado carácter asocial, con antecedentes delictivos y cuyo odio solo necesita una excusa para convertirse en violencia.

Así el racismo queda dibujado como un fenómeno minoritario y hermanado con otros de carácter marginal. Ajeno, en definitiva, a quienes somos o podríamos ser.

Sin embargo hay otro racismo más velado, no tan marginal y con un mayor alcance. Y ese si nos toca más de cerca.

En el barómetro del CIS del pasado mes de diciembre cerca del 45% de la población encuestada manifiesta preferir vivir en una sociedad uniforme, integrada por personas con el mismo origen, cultura y religión. Frente a ellos un 43% prefiere una sociedad definida por la diferencia.

Definir mis preferencias respecto a mis vecinos y conciudadanos en función de su origen o pertenencia cultural y no a como quienes son, que piensan, que dicen, que les gusta y les disgusta es, a mi modo de ver, de todas, todas... racismo.... y a la vista del estudio publicado este mes en Science, además es relativamente normal y consustancial al ser humano.

Parece que hay una diferencia entre lo que decimos al valorar actos racistas y de discriminación y como actuamos ante ellos. Condenamos el racismo, sin hipocresía y convencidos de nuestra posición, pero al presenciar situaciones de discriminación no actuamos en consonancia... no lo valoramos como tal. No nos percatamos.

La desconfianza ante el desconocido, comparte rasgos con las fobias y tiene, como ellas, un origen en su valor adaptativo. Llevar, incluido de serie, el miedo al extraño podía garantizar la supervivencia. Por ello parece que, a la hora de la verdad, tendemos a elegir a aquellas personas con quien nos identificamos.

Esto, sin ser aplicable a todo el mundo, ni a todas las situaciones, me parece significativo por cuanto nos previene contra el sentirnos a salvo o impermeables a la tendencia a discriminar y "valorar" a los demás antes que por quienes son, por de donde son.

Ese racismo velado no sale en los medios pero a la larga es uno de los mayores obstáculos para construir una sociedad con capacidad de afrontar conflictos y desigualdades.

Imagen (bajo licencia CC): Atocha. 100 thoughts... or none (Alice Swanson)

2 comentarios:

El Cincel Social dijo...

Completamente de acuerdo en todo lo que dices. No lo podría haber dicho mejor.

JLuis dijo...

Gracias Cincel. Un abrzo