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sábado, 6 de diciembre de 2008

Inmigración y buenismo

Con frecuencia, cualquier medida o actitud encaminadas a defender los derechos de las personas inmigrantes es calificada de, o más bien descalificada por, "buenismo".

Quienes así critican, entienden por buenismo algo más que una actitud. El buenismo vendría a ser un nuevo y peligroso paradigma ideológico, "totalitario" dicen, deudor del socialismo y comunismo, de proyección internacional y que esconde tras buenas palabras toda suerte de malas intenciones, relativismos y carencias a la hora de resolver los retos de nuestros tiempos.

El buenismo implica "ceder" ante un mundo de intereses encontrados; Implica dejarse engañar por quienes usan el victimismo para ganar terreno; El buenismo niega el conflicto, dicen, y prefiere mirar a otra parte antes que proteger nuestros intereses... Es una postura "infantil", "ingenua", de "pensamiento flácido",... "el buenismo está amordazando a la sociedad española" dicen ... en fin!!.

De este modo parece que la lucha contra el "buenismo" se ha convertido en un caballo de batalla ideológico y en una de las lineas argumentales que, cada vez con mayor frecuencia, pueblan debates, críticas y titulares.

Y, como era de esperar, el debate público respecto de la inmigración no se libra de ser incluido en el mismo saco.

Quienes denuncian la perversión del "buenismo" presumen de no verse condicionados por la necesidad de ser políticamente correctos. Su sentido de la responsabilidad no sabe de medias palabras, por eso sus palabras son tan gruesas. Su autoestima no se alimenta de buenas acciones que les haga sentir mejores personas... en el fondo se sacrifican renunciando a aquello que los demás necesitamos.

Y es que, en efecto, según ellos, los demás actuamos por puro hedonismo. En el fondo no nos interesa en absoluto lo que sufran unos u otros. No respondemos tanto a un modelo de igualdad social como a un sentido estético y preciosista de la moral.

Ellos en cambio cogen el toro por los cuernos y, antes que lucirse, prefieren hacer ese "trabajo sucio" que a los demás espanta.

Lo cierto es que tras esa careta de responsabilidad y sacrificio yo solo veo, las mas de la veces, posturas defensivas centradas en proteger una estructura social desigual y estratificada en la que la inmigración ocupa las posiciones más bajas y desprotegidas. Solo veo un argumento fácil y vacío que, entre otros motivos, irradia una defensa identitaria frente a la amenaza externa.

El discurso hacia la inmigración de los "políticamente incorrectos" nunca se centra en la explotación laboral relacionada con la irregularidad documental. Nunca hablan de los condicionantes sociales que facilitan la marginalidad o vulnerabilidad social de las personas inmigrantes, pero no se cortan al denunciar como propias de la inmigración las consecuencias sociales de dicha marginalidad.

Para ellos es buenismo hablar de cobertura social, Es buenismo atajar la irregularidad documental; Es buenismo hablar de dialogo; Es buenismo hablar de convivencia y de respeto.

Es muy recomendable echar un ojo a los resultados que arroja google respecto de el término "buenismo". El mundo que dibujan en sus textos quienes definen como buenismo todo aquello que no aplaca su ambición o su incertidumbre es un campo de batalla teñido en dos colores el suyo y el de los otros. Es un mundo sin esperanza de paz y sin confianza en ninguna medida que no sea la imposición.

Imagen (bajo licencia CC): sun sets on pomona (http://www.flickr.com/photos/kjellander/1435210354/)

9 comentarios:

Roberto García Fernández dijo...

!!!!!COÑO !!!! ESTUVISTES EN LAS JORNADAS DE INMIGRACIÓN DE OBITEN?

SE LLENO DE "BUENISMO" ... INCREIBLE.
ESTOY TOTALMENTE DE ACUERDO CON VOS ..

Me encanta tu blog.

Un Saludo buenissssimmoooo...
Y con mucho orgullo

Max Webos dijo...

Usar ''buenismo'' despectivamente parece una manera de excusarse de antemano por su actitud, que en el fondo saben que no es moralmente aceptable,aunque lo disfracen de pragmatismo. Es decir, es más importante legitimar un sistema injusto para conservar nuestro estatus, aunque en el fondo sabemos que debería existir una igualdad de oportunidades real, que sólo se puede lograr mediante medidas de integración ''buenistas''.
Lo del lenguaje políticamente correcto es otro tema: creo que si bien intentar moderarse un poco para no ofender es un principio mínimo de educación, intentar cambiar la sociedad a través del lenguaje en plan neolengua de '' 1984'', atentando contra la expresividad y la economía lingüística es un completo absurdo.
Saludos!

JLuis dijo...

No Roberto, no estuve en las jornadas que comentas. Aunque visto lo visto me habría encantado.

Simplemente ley que había unos cuantos blogs canarios marcando estilo y me dije... pero que grande es esta gente!!

JLuis dijo...

Max, el problema de los que se definen como políticamente incorrectos no es que lo sean realmente sino que se amparan en serlo para justificar sus tracas. Así construyen sus argumentos sobre la teórica cobardía del resto desviando la atención de sus contenidos.

Por lo demás... completamente de acuerdo. La lengua está viva, las palabras respiran y tampoco saben de límites y fronteras. Yo tampoco entiendo a quienes solo dan rodeos para evitar llamar a las cosas por su nombre.

Un abrzo

Antonio Álvarez del Cuvillo dijo...

Jluis,

Yo estoy de acuerdo contigo, que conste. Y las acusaciones de "buenismo" son muy interesadas (y "malismas"). Pero, por introducir algo de polémica, creo que algo podemos aprender los buenistas de esas acusaciones. Un día de estos lo desarrollo, pero adelanto que creo que estamos condenados a movernos en una difícil tensión entre los principios y la realidad.

Esto es así porque la formación social en la que nos movemos (factores estructurales sociales, económicos, jurídicos y políticos) es, por su propia naturaleza, violenta para con los inmigrantes: es un problema radical, vivimos en una máquina social que utiliza a los migrantes como combustible barato. Agarrados a estas contradicciones, confiamos en que podamos irlas superando, pero, por supuesto, no podemos controlar completamente el cuadro. Así pues, los "buenistas" danzamos entre tres opciones, que no siempre son incompatibles:

-La pureza de los principios. Se trata de destacar lo que es verdaderamente justo. Esta función es importante, es expresiva, comunicativa, artística. Aquí es donde se plantea el mito, la utopía. Cualquier mundo que podamos imaginar así chocará de raíz con el real, pero alguien tiene que mantener estos sueños.

-La crítica. Puesto que las instituciones tienden a ser violentas para con los migrantes, se trata de ir criticando las cosas (medidas jurídicas, políticas, etc.) cuando van apareciendo. Permite plantear voces diferentes a las del discurso dominante.

-El planteamiento de alternativas. Ahora bien, para nosotros puede ser muy cómodo quedarnos en las dos posturas anteriores: enfatizar el estado ideal de las cosas y criticar todo lo que va saliendo. Digo que es cómodo porque así no nos contaminamos; dado que el sistema total genera injusticia, cualquier alternativa integrada que planteemos va a participar de esta injusticia.

Pero olvidarnos de esta tercera opción es muy peligroso, porque entonces las políticas las van a dictar siempre otros y nuestro discurso de diluirá siempre con las acusaciones de buenismo. No haremos nada CONCRETO por las personas de carne y hueso por las que nos preocupamos. Así pues, creo que a veces tendremos que mancharnos las manos, contaminarnos y proponer alternativas viables a las políticas más disfuncionales y violentas, que no generen efectos secundarios más graves en el contexto del sistema en el que se aplican y que puedan ser aceptadas por el conjunto de la sociedad (para que puedan ser EFICACES). Estas alternativas están condenadas a ser imperfectas e injustas, pero pueden llegar a aplicarse, al contrario que las soluciones puramente utópicas.

June Fernández dijo...

Me ha encantado tu análisis. Complementa a la perfección mi post y nuestros debate sobre lo políticamente correcto, así que no tengo nada más que añadir. Me ha parecido muy acertada también la reflexión de Max Webos de que lo usan para excusarse de antemano de su actitud.

Al debate sobre dar rodeos, la economía linguística y demás, le encuentro demasiados matices como para dictar sentencia. Un lenguaje inclusivo no tiene porqué ser eufemístico, si se emplea correctamente. Y es necesario, porque así lo exijimos quienes nos sentimos invisibilizadas. Por ejemplo, se puede hacer un uso no sexista del lenguaje sin repetir (a lo vascos y vascas de Ibarretxe). Quien no sepa cómo, hay guías estupendas que dan pautas básicas.

June Fernández dijo...

Perdonad mi imperdonable errata de exijir. Esta semana he estado escribiendo en euskera (se suele decir exijitzen) y el bilingüismo juega estas malas pasadas...

JLuis dijo...

Antonio, creo que en este caso nos movemos más en términos del "porqué" antes que del "como".

Me explico.

No creo que quienes utilizan el término "buenismo" para criticar determinadas actuaciones y políticas de corte social lo hagan criticando una falta de propuestas, o una excesiva ideologización. No critican tanto la forma cuanto los contenidos

Al margen de lo malintencionado de su análisis, para mi el problema es la visión de la sociedad que subyace a dicha crítica.

Cuando esta semana una representante política criticaba una propuesta de pacto político para prevenir la xenofobia diciendo que eso era "vender humo de la hoguera del buen rollito del baboso talante", no se estaba diciendo que no se actúa sino que el consenso político no sirve de nada.

Yo, por otra parte, creo que hay mucho de mito, oportunamente alimentado, en la percepción de que detrás de las posturas muy utópicas y/o críticas no hay una oferta realista de alternativas y propuestas de actuación.

Es cierto que el reto es concretar las ideas, traducirlas a acciones y generar una transformación social, pero, trabajando en una organización de acción social mi percepción del día a día es que no faltan propuestas y vías de actuación eficaces.

Me alegra mucho tenerte por aquí de nuevo abriendo debate. Gracias Antonio

JLuis dijo...

Juneeee!!!, que alegría leerte.

Mira, yo creo que es una cuestión de grado... con muchos matices, como tu has dicho.

Pero, y estoy casi seguro de que estarás de acuerdo, el lenguaje sexista aún encuentra un lastre en los usos "formalistas" que hay quien llama "políticamente correctos".

En resumen, quién siente que hay que evitar un uso del lenguaje excluyente, utilizará un lenguaje no sexista sin problemas y, creo, sin caer en el esperpento.

Quién lo que busca es ser políticamente correcto y no ganarse las críticas, lo conseguirá, pero a costa de un lenguaje desarticulado, encorsetado y falto de la fluidez que da al lenguaje su poder expresivo.

Es una cuestión de medida, si... pero también de actitud y compromiso real.