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sábado, 26 de abril de 2008

¿Y tu de quién eres?: inmigración y reparto de competencias

Ubicar las competencias en inmigración bajo el paraguas del Ministerio de Trabajo o del de Asuntos Sociales, ahora que uno y otro no van de la mano, tiene unas connotaciones que van mas allá de lo que podría parecer.

Una visión de las personas inmigrantes como necesitadas de políticas sociales específicas situaría las competencias en el ámbito anteriormente llamado "asuntos sociales".

Un enfoque más centrado en el valor productivo de la inmigración da más voz al Ministerio de Trabajo.

La verdad es que yo no creo que haya una opción mejor que otra. La inmigración como fenómeno complejo y, ya hoy, consustancial a la sociedad española no puede ser abarcado en un ámbito ministerial específico.

Un modo de trasladar a la práctica una noción estructural de la inmigración sería el diseño de políticas de carácter trasversal respecto de la inmigración. Políticas que abordasen el fenómeno en los ámbitos educativo, social, de fronteras, laboral, ... Quizá entonces un ministerio que tome la inmigración como apellido perdería sentido, y el ministro entrante no hablaría de extranjería, algo que compete al ministerio de interior, o de recursos sociales, cuya competencia se acaba de desgajar de su ministerio.

Todo esto lo pasó por alto el nuevo ministro, Celestino Corbacho, cuya primera declaración de intenciones sobre inmigración planteaba medidas que exceden el alcance de sus recién adquiridas competencias y, aunque ya habla de "transversalidad" para referir la necesidad de coordinación con otros ministerios, lo cierto que es la mayor parte de sus declaraciones aluden al retorno o las repatriaciones...

Empiezo a pensar que el Sr. Corbacho se hubiera sentido más cómodo como responsable de inmigración en la etapa en que el Partido Popular estaba en el gobierno, las competencias migratorias las tenía el ministerio de Interior y las políticas eran básicamente de fronteras.

Ampliación 27/04: José María Fidalgo "Me parece muy bien que haya un Ministerio de Trabajo e Inmigración. El presidente del Gobierno maneja muy bien los símbolos."

Imagen bajo licencia CC: Where is my mind? (http://www.flickr.com/photos/kazze/78999315/)

6 comentarios:

Eifonso Lagares dijo...

Comparto tu opinión, no me gusta este ministro.

Ya tuvo declaraciones en sus antiguos puestos bastantes contrarios alos inmigrantes.

Un saludo

Antonio Álvarez del Cuvillo dijo...

Yo esa crítica de la transversalidad se la hago al Ministerio de Igualdad (que, por cierto, también afecta a la igualdad entre razas). Pero esto es porque la igualdad es una dimensión necesaria de todas las políticas, sin excepción (sanidad, educación, trabajo, cultura, asuntos sociales, economía, ciencia etc.) y ten todas ellas tiene que estar siempre. Para coordinar toda esa transversalidad no creo que haga falta un ministerio, que suena a ese rincón apartadito donde se aparca a las mujeres o a las minorías para que no den problemas.

En cambio, en el tema de la migración, sí que creo que tiene que haber una secretaría de estado o como se llame dedicada monográficametne a este fenómeno, o de lo contrario precisamente se diluiría la configuración de una política clara (y en su caso, que vaya por buen rumbo, que también peuede ser clara y mala). Lógicamente, se tendrá que coordinar con otros ministerios, pero eso al final es necesario en todas las políticas públicas (educación, economía, trabajo...)

migramundo dijo...

Detesto este asunto porque, por sistema, y lamento ser tan inflexible, me niego a encasillar a las personas. Hay problemas y hay que arreglarlos. Los nombres y competencias políticas que los políticos se reparten entre sí para gastar poltrona me traen al pairo. Las personas estamos por encima de todos esos mamoneos, con perdón. Tu post me parece muy acertado. Saludos y un abrazo.

Antonio Álvarez del Cuvillo dijo...

Guillermo,

Al principio, cuando te he leído no te he comprendido nada. Pero nada de nada. Está claro que las personas no nos podemos encasillar en etiquetas, pero eso no tiene demasiado que ver a priori con la organización de los ministerios. Por más que la realidad sea un todo, es inevitable que a la hora de intervenir sobre ella nos organicemos un poco (tanto los poderosos como los que no); toda división de la realidad en compartimentos es una simplificación que nunca hay que creerse demasiado, pero hay que simplificar de algún modo para poder hacer algo (otra cosa es que nuestras categorías sean más o menos rígidas).

Luego he pensado un poco y creo que te he entendido mejor, lo que de paso me ha ayudado a entender lo que estaba planteando José Luis. Claro, el peligro es que no estemos ante un Ministerio de la Inmigración sino ante un Ministerio de los Inmigrantes y que éstos sólo se definan en función de su condición de inmigrantes. Entonces hablaríamos de una especie de guetto organizativo, una política que segrega real o como mínimo simbólicamente.

Está claro: el ministerio de educación se tiene que ocupar de la educación de la gente (y eso incluye a los inmigrantes, que son también alumnos y en muchos casos con los mismos problemas), el ministerio de sanidad se tiene que ocupar de la salud de la gente (y eso incluye a los inmigrantes, que son también pacientes y en muchos casos con los mismos problemas) y el ministerio de trabajo del trabajo de la gente, sean los que sean. Yo creo que esto no es incompatible con la definición de la migración como un fenómeno más o menos autónomo (y de enorme relevancia) que puede ser abordado desde políticas generales que tienen que ser diseñadas en algún sitio y que la condición de migrante tenga algo que ver con las políticas públicas aunque no absorba completamente el perfil público de una persona (como no lo hace nuestra eventual condición de paciente). Aún así, me habéis hecho pensar y me entra la duda.

Antonio Álvarez del Cuvillo dijo...

Guillermo,

Al principio, cuando te he leído no te he comprendido nada. Pero nada de nada. Está claro que las personas no nos podemos encasillar en etiquetas, pero eso no tiene demasiado que ver a priori con la organización de los ministerios. Por más que la realidad sea un todo, es inevitable que a la hora de intervenir sobre ella nos organicemos un poco (tanto los poderosos como los que no); toda división de la realidad en compartimentos es una simplificación que nunca hay que creerse demasiado, pero hay que simplificar de algún modo para poder hacer algo (otra cosa es que nuestras categorías sean más o menos rígidas).

Luego he pensado un poco y creo que te he entendido mejor, lo que de paso me ha ayudado a entender lo que estaba planteando José Luis. Claro, el peligro es que no estemos ante un Ministerio de la Inmigración sino ante un Ministerio de los Inmigrantes y que éstos sólo se definan en función de su condición de inmigrantes. Entonces hablaríamos de una especie de guetto organizativo, una política que segrega real o como mínimo simbólicamente.

Está claro: el ministerio de educación se tiene que ocupar de la educación de la gente (y eso incluye a los inmigrantes, que son también alumnos y en muchos casos con los mismos problemas), el ministerio de sanidad se tiene que ocupar de la salud de la gente (y eso incluye a los inmigrantes, que son también pacientes y en muchos casos con los mismos problemas) y el ministerio de trabajo del trabajo de la gente, sean los que sean. Yo creo que esto no es incompatible con la definición de la migración como un fenómeno más o menos autónomo (y de enorme relevancia) que puede ser abordado desde políticas generales que tienen que ser diseñadas en algún sitio y que la condición de migrante tenga algo que ver con las políticas públicas aunque no absorba completamente el perfil público de una persona (como no lo hace nuestra eventual condición de paciente). Aún así, me habéis hecho pensar y me entra la duda.

Jluis dijo...

Yo creo que el comentario de Fidalgo es muy significativo.

Añadir la inmigración al nombre del ministerio de trabajo tiene un papel fundamentalmente simbólico. Busca relacionar, vincular, ... como dice Guillermo, encasillar.

Y que conste que no me parece censurable valerse de los símbolos como forma de comunicación social. Lo que no me gusta es el camino a que apuntan dichos símbolos: dimensión más relevante de la inmigración = fuerza productiva. Crisis = Retorno, etc...

Y lo que es peor, no se tiene en cuenta que todo símbolo tiene una doble hoja, y que igual que se resalta su papel productivo, se oscurece su papel como ciudadanos.

La secretaría de estado ya existía. De hecho prácticamente mantiene la misma estructura y responsables que tenía cuando era el ministerio de trabajo y asuntos sociales.

Desde mi punto de vista no es una cuestión de funcionamiento sino de símbolos, y lo que éstos tratan de generar a mi no me gusta.

Un abrzote