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viernes, 11 de abril de 2008

Este canto...

"La tristeza llama a la tristeza, y el canto de aquellos hombres, que empezaba siendo dulce, tímido, poco a poco se iba convirtiendo en doloroso lamento del alma, de la vida, de todas las cosas.

Este canto, que sólo dominaban unas pocas personas, no acudía siempre, ni lo hacía de la forma deseada por los demás: debía por encima de todo conmover al que lo interpretaba.

Su propio ser debía extinguirse antes de alcanzar aquel punto en el que la voz se elevaba con fuerza por encima de todas las voces y se hundía en las profundidades de la noche, diciendo cosas que hasta él mismo ignoraba."


La necesidad de dar forma, compartir y expresar mediante el canto aquello que desborda a las palabras no sabe de fronteras. Este texto podría describir a un grupo de gitanos alrededor de una hoguera, o a unos esclavos de cercenadas raíces africanas tras una jornada en los campos de algodón, o a tantos y tantos grupos de personas que movidos por el mismo ansia, sentaron las bases de esas manifestaciones culturales que hoy son nuestra identidad.

En realidad describe a el canto de un grupo de beduinos en la península arábiga que podéis encontrar en Ciudades de Sal, de Abderrahmán Munif (ed. Belacqva).

No es mucho lo que hay que rascar para, poco más allá de la superficie, encontrar que es más lo que nos une que lo que nos separa. A veces parece que la diferencia solo es la costra.

Imagen (bajo licencia CC): Subway singer (http://www.flickr.com/photos/wordfreak/390014823/)

3 comentarios:

Isaac González Toribio dijo...

Reproduzco una frase de Coetzee en su "Diario de un mal año" que creo viene muy a cuento con tu más que interesante entrada:

"Gran parte de la fealdad del discurso que uno oye (...) surge de la hostilidad hacia la canción, la represión del impulso de cantar, la restricción del alma". Saludos

Eifonso Lagares dijo...

Una muy interesante entrada que hace pensar y reflexionar.
Un saludo

Jluis dijo...

Gracias eifonso e Isaac. Es cierto que ese impulso de cantar, dando alas al alma, es tan humano como el soñar. Un abrzo