Expectativas de los agentes sociales e inmigración
Cuando los prejuicios contaminan las expectativas que quienes trabajamos con personas inmigrantes tenemos sobre su disposición para el trabajo, estamos zancadilleando sus posibilidades de integración.
En un famoso experimento sobre el poder de las expectativas, Rosenthal y Jacobson dividieron a un conjunto de escolares en dos grupos. La división se hizo al azar, pero a sus profesores se les dijo que uno de los grupos se había demostrado, en una hipotética prueba, muy superior al otro y tenía un potencial de aprendizaje mayor.
Sin otra variación que las expectativas que el personal docente tenía sobre ellos, el grupo supuestamente más capaz mejoró significativamente su rendimiento en relación al otro grupo.
Las expectativas que sobre la capacidad de la gente se tengan van a condicionar en buena medida la actuación profesional de quien trabaja en la integración de personas vulnerables a la discriminación, así como las posibilidades de estas de superar dichas barreras.
Me acordaba de ello el pasado jueves al escuchar a un lánguido técnico de programas relacionados con la inserción laboral hablar de su total falta de expectativas respecto de la voluntad de integración de la población de origen musulmán. Cuando le oía hilvanar tan consecuentemente la falta de voluntad con la motivación por la delincuencia. Cuando hablaba de ello como si fuese un hecho constatable, generalizado y propio de la cultura acusada.
Pero sobre todo me acordaba de ello cuando se mostraba sorprendido porque, en nuestro desempeño profesional, algunos hablásemos con mujeres musulmanas. Él pensaba que sus hombres no se lo permitían.
Me pregunto por el tipo de actitudes y actuaciones profesionales a desarrollar cuando se parte de semejantes premisas. Da miedo.
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