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martes, 11 de diciembre de 2007

Memoria e identidad

Memoria e identidad mantienen, para quién opta por migrar, una relación compleja. Entre cobijo y calabozo, la memoria se muestra como un arma de doble filo para la identidad.

Resulta curioso como, aún leyendo sobre temas que nada tienen que ver con la inmigración, como es el de la vejez en el medio rural, acabo hilando conclusiones sobre el fenómeno migratorio. ¿Deformación profesional o deformación "a secas"?, no lo tengo claro.

El caso es que esta mañana leía como, en buena media, para las personas mayores "la memoria es lo único que sostiene su identidad"*.

¿Porqué?, ¿Acaso no es así para todo el mundo, mayor o no?... Creo que no. Al menos en parte.

El modo en que nuestras motivaciones se pueden concretar en nuestra ocupación, en nuestras relaciones sociales o de cuidado de quién de nosotros depende e incluso el sentido de pertenencia a un momento temporal pueden (repito: pueden) ser importantes pilares sobre los que apoyar la autoestima y valiosas referencias para decidir en el camino a seguir.

Sin estas directrices y apoyos uno ha de recurrir a la memoria para responder a quién se es y porqué.

Sin embargo creo que esta afirmación, ni es de aplicación a todas las personas mayores, ni es exclusiva de ellas. Sin ir mas lejos, creo que también es cierta en lo que respecta a las personas inmigrantes.

Cuando una persona se establece en España pasa por un proceso que algunos llaman de "duelo migratorio" en alusión a la respuesta emocional ante las perdidas que a nivel social, familiar, laboral, o de entorno supone el proceso migratorio.

En estos casos la memoria tiene un gran poder para ayudar a las personas a responder a esos "quienes" y "porqués" que la definen. Perder las referencias es, en buena medida perder la identidad.

Pero esa misma memoria también puede suponer un lastre que obstaculice, tratando de agarrarse a una identidad que nunca es impermeable a los cambios, el necesario desarrollo personal que implica migrar.


Imagen (Bajo Licencia CC): Partial Memories (http://www.flickr.com/photos/tomswift/1550971039/)


* en "el río de las cien fuentes: viaje al centro de la Alcarria" de Francisco Gª Marquina

2 comentarios:

Guillermo Pardo dijo...

Perder las referencias es perder la identidad. Cierto, y también la memoria. ¿Qué es la referencia sino un dato grabado en el disco duro de la memoria? Sin pretender dar lecciones, yo lo veo así. En Buenos Aires conocí a muchos gallegos emigrantes a mediados del siglo XX. Curiosamente, muchos de ellos vestían igual, treinta años después, a como lo hacían en su tierra. La memoria les conservaba una manera de entender su mundo, una identidad, que ni siquiera el paso de varios decenios en otra realidad pudo cambiar.
Saludos, compañero.

Martín Bolívar dijo...

Como siempre aprovecho el rebufo de Guillermo Pardo y he visto asturianos en el Centro Asturiano de Buenos Aires que vestía como en su juventud. Recuerdo que, siendo niño, frente a mi casa de la calle Neuquén, en el barrio bonaerense de Caballito, me impresionó ver pasar por la acera de enfrente una anciana toda vestida de negro, supongo que sería gallega. Nací en Buenos Aires y me gusta que alguien, incluso, me diga: ¿Qué haces boludo?, aunque el acento les delata que no son argentinos auténticos porque no tienen la propia identidad de ellos.