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lunes, 24 de septiembre de 2007

Sobre el censo de orígenes raciales o étnicos en Francia

¿Qué utilidad tiene para la Administración francesa conocer el "origen racial o étnico" de su población?, La respuesta no es fácil, como no es fácil valorar los posibles efectos perniciosos de asociar estas categorías a aspectos sociales como la desigualdad.

La aprobación en la madrugada del pasado día 19 del anteproyecto de Ley sobre inmigración en Francia ha tenido un cierto eco en los medios, e incluso se ha analizado en foros cercanos, fundamentalmente en lo referente a la autorización del uso de pruebas de ADN en casos de esa reagrupación familiar, una derecho y una vía de acceso al país que el gobierno Sarkozy pretende limitar.

No se ha prestado tanta atención a otro aspecto recogido en dicho anteproyecto de ley que puede tener unas implicaciones mayores: la eliminación de la prohibición a recoger datos sobre el "origen racial o étnico" para fines de explotación estadística del censo.

No hablamos, parece ser, de una utilización anónima de información recogida ex profeso para fines científicos, algo que ya está permitido. Hablamos de la explotación estadística del censo poblacional con objeto, se alega, de poder demostrar si realmente existen factores de discriminación asociados a las diferencias "raciales" o "étnicas".

A nadie se le escapa la influencia que sobre la opinión pública tienen la publicación de datos poblacionales. Es frecuente la confusión entre una relación causal con una relación contingencial, de modo que el que dos variables se presenten asociadas suele entenderse com que una es responsable de la otra... algo muy lejos de la realidad.

La excelente serie que con el título Razas ha venido publicado este mes Antonio Álvarez en Tiempos Interesantes desarrolla en profundidad la naturaleza y funcionalidad de ambas categorías.

Razas y etnias son categorías deudoras del contexto social en que surgen. Antonio, como es habitual en él, lo expone con gran trasparencia:

"Como cualquier otra clasificación, las "razas" responden siempre a la realidad de un momento concreto, a unos intereses, a unas necesidades perceptivas o clasificatorias, a una estructura social, a unas relaciones de poder, a una concreta oposición de identidades."
Lo mismo ocurre al hablar de étnias.

Así pues, cabría preguntase, como lo vienen haciendo muchos en Francia, si el camino para eliminar la discriminación pasa por parcelar a la población en función de unas categorías tan maleables y proclives a ocultar otros factores socio - económicos de peso.

No lo creo.


Imagen( Bajo Licencia CC): http://www.flickr.com/photos/mac/222150116/

10 comentarios:

Antonio Álvarez del Cuvillo dijo...

Ciertamente, es una cuestión problemática esto de la información estadística sobre grupos étnicos, pero no estoy en desacuerdo en principio (mucho más claro es lo inaceptable de la prueba de ADN, entre otras cosas porque confunde el parentesco, que es una relación social, con las conexiones genealógicas).

Ciertamente, la flexibilidad de las "etnias", "razas", o como le queramos llamar (es lo mismo) genera muchos problemas reales a los que pretenden dividir a la gente por etiquetas; desde luego, algunos aspiramos a que las etiquetas tengan cada vez menos que ver con las relaciones sociales y, desde luego, jurídicas.

Por eso es que en principio prefiero las acciones positivas indirectas que las directas o distinciones positivas, que utilizan las "armas del enemigo", es decir, las categorías sociales, para equilibrar la situación previa de desigualdad. Cuando mucha gente entona el monótono cántico de la "mayoría discriminada", yo pienso más bien en la cristalización legal de los estereotipos y todos sus efectos secundarios. No es que esté en contra de estas distinciones positivas, pero antes de emprenderlas prefiero contemplar si hay alguna manera indirecta de alcanzar similares resultados, que no nos obligue a comernos la cabeza con el esencialismo de decidir legalmente si alguien es en el Mundo de las Ideas un "gitano", un "homosexual", o incluso una "mujer".

Por otra parte, la otra cara de la acción positiva indirecta es la discriminación indirecta. Una diferencia de trato formalmente neutra que, sin estar suficientemente justificada, provoca un resultado sistemáticamente desfavorable sobre las personas que se adscriben a determinadas categorías sociales.

Fijaos que para aplicar esta gran herramienta en la lucha contra la discriminación que es la noción discriminación indirecta, tenemos que partir de la división de las personas en categorías sociales, y sobre todo TENEMOS QUE CONTAR CON DATOS acerca de las distinciones sociales. Por eso no me parece mal que se recopilen datos sobre grupos étnicos. Así, podemos ver a grandes rasgos en qué medida hay segregación laboral, en la vivienda, en los alquileres, en la política, etc.

Ciertamente, las categorías étnicas son flexibles y dependen de las relaciones de poder del momento. Pero si nos centramos en un espacio y tiempo concretos (por ejemplo, la Francia actual), a grandes rasgos tenemos una idea de quiénes son unos y quiénes son otros. Habrá, como siempre, infinidades de "zonas grises", y eso será una dificultad para elaborar los datos. La idea creo que es: los datos NO SON LA REALIDAD, pero pueden ayudarnos a entenderla.

Eso sí, a la hora de enjuiciar la discriminación indirecta habrá que ser conscientes de la flexibilidad de las etnias, por eso de que los datos no son la realidad. Por ejemplo, hay quien dice que muchos "gitanos" son "normales", que no todos son "malos"; de ahí se deduce que hay dos subdivisiones de "gitanos" y que una puede no ser discriminada cuando la otra sí. De hecho, la subcategoría privilegiada puede actuar como "token" que permita justificar la discriminación contra los otros.

Por eso no me parece del todo mal esa recopilación de datos. Aunque me parece MUY PELIGROSA, y creo que la idea es más bien cómo se hace. Como decía por aquí hace unos días, los estereotipos son ÚTILES con la única condición de que no nos los tomemos verdaderamente en serio.

Antonio Álvarez del Cuvillo dijo...

En todo caso, y me matizo, hay que tener cuidado con lo que quiera decir eso del censo poblacional. Desde luego, me parece sumamente inapropiado que termine figurando la etnicidad en el carnet de identidad. En todo caso, me parece que en este tipo de datos públicos tendrían que ser los propios sujetos los que definieran su origen.

También hay que ver si a efectos de valorar la discriminación indirecta basta con los datos obtenidos por la estadística científica anónima (lo bueno de los censos respecto a los muestreos es que abarcan a casi la totalidad de la población), o con el registro de la nacionalidad de origen. En tal caso, parece que incidir demasiado en encasillar a la gente resulta contraproducente.

Jluis dijo...

Dos cuestiones me llevan a mostrarme receloso de partida en este tema.

Por un lado, yo no tengo tan claro que no existan otras herramientas, y aproximaciones para hacer frente a las fuentes de discriminación que puedan asociarse a las categorías étnicas.

Mi experiencia con la investigación sociológica no es muy extensa y no es muy reciente, vaya esto por delante

Pero creo que como alternativa al análisis "grueso" que supone el cruce de los datos del censo poblacional, está el diseño de investigaciones específicamente centradas en analizar dicha discriminación y en las que se pueden recoger también determinados datos de carácter socio-económico no contemplados en el censo.

En la misma linea tengo mis dudas respecto de la valía de dichas categorías como variables de análisis. En EEUU, que también recoge datos de carácter étnico, se incorporó la posibilidad de determinar más de una "filiación" ética y creo recordar que fueron 8 millones de personas quienes optaron por dos o más.

Con esto quiero decir que el componente identitario de la adscripción a una categoría de este tipo podría generar distorsiones a efectos de investigación.

.... Según escribía el anterior párrafo, acaba de llegar, Antonio, tu segundo comentario, que creo se refiere en buena parte a lo que estaba diciendo.

Sigo.

La segunda cuestión que me hace desconfiar es precisamente el contexto social y político en que surge dicha iniciativa.

En este punto me confieso relativamente paranoico respecto del fondo y la forma de la política del gobierno Sarkozy.

El abuso de los mensajes populistas y la tendencia a estigmatizar y señalar a grupos sociales como responsables de los males de la nación, unido a una noción del progreso y el mérito que obvia los condicionantes sociales me llevan a temer un uso partidario de la información extraída de los cruces "gruesos" de variables.

Cuando se une información sobre categorías étnicas a la lógica del tipo "Si quien triunfa es por esfuerzo, quién fracasa es por falta del mismo", el resultante es una bomba.

Por resumir, no veo los beneficios a nivel de compresión de los factores de discriminación y veo, en mi asumida paranoia, muchos riesgos.

En fin... lo dicho. No es fácil.

Un abrazo.

Antonio Álvarez del Cuvillo dijo...

josé luis,

La verdad es que cuanto más lo pienso menos me gusta la idea del censo.

Por cierto, parece que lo del ADN nos está amenazando también por aquí.

Guillermo Pardo dijo...

Me preocupa que los experimentos se lleven siempre a cabo con los más indefensos. Honestamente, no sólo por ellos, sino también por mí y por los demás, porque una vez que se admitan socialmente es muy fácil extenderlos. Martin Niemöller lo resume muy bien en "Cuando los nazis vinieron" (http://es.wikipedia.org/wiki/Martin_Niem%C3%B6ller). De modo que dejémonos de retórica y llamemos a las cosas por su nombre: xenofobia. ¿Por qué no someten por ley a los mafiosos que siembran la Costa Azul a la prueba del detector de mentiras para comprobar su inocencia? ¿Será por su poder económico? Perdonad mi simplismo, pero estas historias no tienen nada de complejas, aunque sí mucho de confusas, como dice José Luis. Por cierto, en España ya se aplica la prueba de ADN, que no se aprobó a las cuatro de la madrugada ni con el Parlamento vacío, como en Francia, lo que tampoco convierte a nuestros políticos en inocentes ángeles de la inmigración. Saludos.

Jluis dijo...

Si Antonio. Parece que ya llevan un tiempo realizando pruebas de ADN en un par de consulados españoles.

Sobre esto, un par de apuntes. El primero lo señalabas tu en parte en tu primer comentario. El parentesco va más allá de la genética.

El concepto de familia, de parentesco, las relaciones de dependencia y vinculación familiar son demasiado diversas de unas zonas a otras, y de unas situaciones a otras.

Cuando el país del que vienes está o a estado en conflicto la genética es poco indicativa de los vínculos parentales.

Cuando la pobreza define y marca a una sociedad es mucho suponer que la estabilidad familiar se ajuste a los mismos parámetros que los del país receptor.

Además y al margen de estas situaciones me parece una vulneración del derecho a la intimidad, además de, como indicaba Guillermo hace unos días, una postura tendente a la criminalización al partir de la sospecha de mentira en los procedimientos.

Pero, fíjate... sin embargo me parece menos peligroso, respecto a las dinámicas de integración en las sociedades de acogida, que el tema del censo.

Un abrazo, y de nuevo gracias por tus aportaciones.

Jluis dijo...

Guillermo, cuando la injusticia se camufla entre argumentos "científicos" (me refiero al tema del censo y la sociología) es para echarse a temblar...

El poema de Niemöller no tiene desperdicio.

Gracias y un abrazo.

Antonio Álvarez del Cuvillo dijo...

Hablando sin saber y desde mi completo rechazo al tema del ADN, supongo (y algo he leído por ahí), hay que tener cuidado, porque supongo (y algo he leído por ahí) que pueden presentarlo de un modo que parece aceptable. Por eso creo que hay que asumir la complejidad, Guillermo, aunque sea para mantenernos firmes.

¿Cómo se puede presentar de un modo que parece aceptable? Supongamos que para reagrupar a un hijo los procedimientos te piden documentos que demuestren que es tu hijo. Pero resulta que en tu país no existen esos documentos; entonces te dicen que lo van a denegar. Ahora bien, te dan la posibilidad de someterte voluntariamente a una prueba de ADN que demuestre que en realidad es tu hijo. Si lo contemplamos desde la situación individual, todo parece correcto: se brinda una posibilidad más para la reagrupación, no se impone el análisis, etc. Si yo soy el abogado, seguramente le aconsejaría que lo hiciera si estoy seguro de que se lo van a denegar.

Pero si se mira desde una perspectiva global, estructural, que es la perspectiva desde la que deben enjuiciarse las políticas, eso es un peligrosísimo Caballo de Troya. La prueba del ADN se convierte precisamente en la legitimación para la denegación de quien no la hace y los criterios se terminan endureciendo de facto. Donde no hay documentos (sin pensar en otras posibilidades, como las declaraciones de personas, que es lo único eficaz cuando hablamos de probar una relación social), donde los documentos se consideran poco fiables, y extendiendo esa poca fiabilidad, etc.

Desde otro punto de vista, parece incidir en la aberrante perspectiva de que la familia se basa indudablemente en relaciones genéticas efectivas (ciertamente, se construye en gran parte sobre ellas y el ordenamiento les sigue concediendo mucha relevancia, pero no lo son todo). Por poner un ejemplo de sus consecuencias, podrías reagrupar a Jaimito, tu hijo legítimo, pero no a Jorgito, que en realidad fue un "desliz" de tu mujer pero que se presume que es tuyo por el matrimonio, ni a Joselito que fue adoptado informalmente al morir sus padres como es común en muchos países, ni a Fulgencito, que es un hijo del marido anterior de tu mujer, fallecido, que has adoptado.

Jluis dijo...

No puedo estar más de acuerdo contigo Antonio.

Me quedo con la idea de la "legitimación de la denegación de quién no hace la prueba". Para mi hace innecesarios el resto de argumentos.

Un saludo.

Martín Bolívar dijo...

Coincido con Guillermo Pardo, ¿por qué no someten por ley a los corruptos, a los políticos que no cumplen con sus promesas, a los estafadores de turno?... seguir enumerando casos dejaría la lista demasiado incompleta. Es verdad, no se ha juzgado al ex presidente José María Aznar por haber engañado para participar en la guerra de Irak...