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viernes, 28 de septiembre de 2007

Expectativas de los agentes sociales e inmigración

Cuando los prejuicios contaminan las expectativas que quienes trabajamos con personas inmigrantes tenemos sobre su disposición para el trabajo, estamos zancadilleando sus posibilidades de integración.

En un famoso experimento sobre el poder de las expectativas, Rosenthal y Jacobson dividieron a un conjunto de escolares en dos grupos. La división se hizo al azar, pero a sus profesores se les dijo que uno de los grupos se había demostrado, en una hipotética prueba, muy superior al otro y tenía un potencial de aprendizaje mayor.

Sin otra variación que las expectativas que el personal docente tenía sobre ellos, el grupo supuestamente más capaz mejoró significativamente su rendimiento en relación al otro grupo.

Las expectativas que sobre la capacidad de la gente se tengan van a condicionar en buena medida la actuación profesional de quien trabaja en la integración de personas vulnerables a la discriminación, así como las posibilidades de estas de superar dichas barreras.

Me acordaba de ello el pasado jueves al escuchar a un lánguido técnico de programas relacionados con la inserción laboral hablar de su total falta de expectativas respecto de la voluntad de integración de la población de origen musulmán. Cuando le oía hilvanar tan consecuentemente la falta de voluntad con la motivación por la delincuencia. Cuando hablaba de ello como si fuese un hecho constatable, generalizado y propio de la cultura acusada.

Pero sobre todo me acordaba de ello cuando se mostraba sorprendido porque, en nuestro desempeño profesional, algunos hablásemos con mujeres musulmanas. Él pensaba que sus hombres no se lo permitían.

Me pregunto por el tipo de actitudes y actuaciones profesionales a desarrollar cuando se parte de semejantes premisas. Da miedo.

Imagen (Bajo Licencia C.C.): http://www.flickr.com/photos/teflon/187614370/

7 comentarios:

algarabia dijo...

Cuando se parte de prejuicios y de la ignorancia, no se puede sembrar nada bueno. Lo que no entiendo es cómo algunas personas llegan a ocupar los cargos que ejercen. Si tan poca fe tiene en que su trabajo pueda surtir efecto, este señor debería dedicarse a otra cosa.

Por cierto, José Luis, puede que te interese esta noticia. Es uno de los relatos más alucinantes que he leído sobre el trato a un inmigrante: http://www.guardian.co.uk/usa/story/0,,2180675,00.html#article_continue

Un abrazo

Jluis dijo...

Totalmente de acuerdo Algarabía.

La noticia que propones es impresionante. Un abrazo.

Alicia dijo...

No me sorprende nada el comentario del susodicho.
Nos sorprenderíamos de algunos altos cargos, tiñalpas que ascienden de forma inexplicable que cuando hablan sobre estos temas demuestran un alto grado de ignorancia y estupidez alucinante.
Da miedo y perplejidad e incluso a mi personalmente, me da rabia ante esa incultura que demuestra porque ese tipejo o tipeja, cuando hable con sus hijos, amigos, familia y el tendero del barrio, le dirá las mismas burradas, y esas personas que le escuchen, se lo creerán a pies juntillas porque...Él es una persona entendida en la materia, es un técnico "Profesioná" "Oiga usté."

Antonio Álvarez del Cuvillo dijo...

La parte buena del asunto es que aquí estamos nosotros para, entre todos, como mejor podamos y de la manera que mejor sepamos, combatir esas formas de ignorancia y la que nosotros mismos podamos tener. Porque como sabéis, ese tipo de prejuicios están bastante extendidos y no son prerrogativa de gente perversa o con anomalías en los procesos neuronales, sino que nos los encontramos a lo mejor en la calle, entre vecinos, compañeros o amigos, entre gente inteligente, entre gente formada y que suele razonar en otros aspectos con más minucia e incluso entre gente con cierta sensibilidad social.

Así, estoy convencido de que podemos ir haciendo algo, si no entre los cargos, entre la gente.

Guillermo Pardo dijo...

Probablemente ese señor ha elegido la profesión equivocada, pues mal puede ayudar a los demás si no tiene esa vocación ni es capaz de ver lo bueno que puede ofrecer. Por lo que leo, no parece que esté entusiasmado, ni siquiera consigo mismo. Saludos.

Jluis dijo...

Tal como lo cuentas, Alicia. Quizá lo peor es imaginar como, bajo ese aura de especialista, va sienta cátedra a golpe de prejuicio.

Fue curioso porque todo aquello se dijo al hilo de una descripción de la inmigración de la zona y de la afirmación de que la población de origen musulmán era muy, pero muy minoritaria.

A pesar de ello el tema se centró, a partir de los comentarios de dicho técnico, en su integración e incluso miembros del ayuntamiento, gente sensible a las distintas problemáticas sociales, llegaron a hablar de problemas de integración escolar, cuando no hay niños musulmanes en el colegio ni en el instituto.

Como dice Antonio, los prejuicios enraízan fácilmente... solo hay que abonar el terreno, que fue lo que este hombre hizo.

También como dice Antonio... ya me he encargado de aclarar a todo el mundo cuanto de prejuicio había en lo expuesto.

Y si Guillermo... también has dado en el clavo. No había mucha curiosidad en su mirada. Sólo recelo.

Un abrazote a cada cual.

Martín Bolívar dijo...

Coincido con algarabía en que, en muchos casos, se parte de los prejuicios que acarrea la ignorancia, incluso en los más altos niveles. Vergonzoso.