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viernes, 13 de julio de 2007

Prejuicios y Estereotipos: ¿Quién tira la primera piedra?

Los prejuicios existen y todos somos susceptibles de dejarnos arrastrar por ellos.

Por más que pensemos que son cosa de los demás, lo cierto es que responden a nuestra naturaleza en la misma medida que lo hacen la empatía o la curiosidad.

Al señalar a los demás como quienes generan los estereotipos apartamos la vista de un aspecto que no deberiamos olvidar, y es que los prejuicios además de perniciosos son inherentes a nuestra naturaleza.

Al obviarlo hacemos más difícil la búsqueda de herramientas útiles para encarar la expansión, que a buen seguro se va a producir, de estereotipos y prejuicios respecto de la inmigración y la convivencia intercultural.

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Antonio Álvarez del Cuvillo, en un excelente post, abordó el mismo tema con una profundidad y acierto envidiables:

"Hay veces que conseguimos amaestrar a los diablos que hemos formado fuera de nosotros para que corten las uñas a los demonios indefinidos que guardamos dentro y que nos dan todavía más miedo y así, acunados por el halago se quedan quietos y siguen creciendo en las sombras".

Gran parte del debate sobre los estereotipos, el racismo o la no tolerancia se centra en las consecuencias de los prejuicios y en lo increible que nos resulta su expansión a quienes no los compartimos. Pero no nos detenemos mucho a analizar los "porqués" o los "cómos".

El aprendizaje social, los valores adquiridos y el estilo de afrontar los retos de la vida determinan las defensas que ante estereotipos o actitudes excluyentes conseguimos levantar.

"Uno no nace discriminador, sino que se hace discriminador" escuchaba hace poco.

Quizá es por ello que tendemos a atribuir a los demás el monopolio del prejuicio. Pensamos que hemos aprendido a ser "no discriminadores", y se nos olvida que dichas defensas tiende a agrietarse con cierta facilidad.

Los procesos psicológicos que determinan la relación con nuestro entorno, fundamentalmente social, tienden a dar más saliencia a lo diferente, a agrupar en base a características, que sin ser relevantes, "perceptivamente" resultan más llamativas.

Además respondemos a la incertidumbre, a lo desconocido con una reacción emocional de defensa y alerta, que si bien puede ser "aplacada", recobra sus fuerzas en situaciones de tensión.

Por su parte el lenguaje, con su capacidad de asociación y generación de símbolos, tiene en su tendencia a la categorización un increible poder como instrumento de la diferencia.

Así, la dinámica social y cultural impone un continuo proceso de interacción con nuestro entorno, de reaprendizaje. Los mensajes y la información que a diario nos llega de los medios; Las valoraciones o atribuciones del lenguaje cotidiano; o las experiencias que vivimos van modelando ese universo simbólico de "significados" que da verosimilitud al prejuicio y hace creible el estereotipo.

Imagen: http://www.flickr.com/photos/pigeonpoo/74718729

8 comentarios:

Guillermo Pardo dijo...

El miedo a lo diferente y a lo desconocido nos atenaza y nos hace temer por nosotros mismos y lo que creemos poseer. El recelo es consecuencia de la desconfianza y el desconocimiento. Pero es cierto, poco podemos hacer por vencerlo, porque aunque nos mostremos abiertos, en el fondo de nosotros mismos se mantiene encendida la alarma. Eso, sin embargo, no nos debe impedir ser empáticos, solidarios, humanos. Saludos

June dijo...

Escribí una entrada relacionada con ésto hace meses, a raíz de un artículo publicado en El Correo, que se titulaba "Me llamo Fernando Marías, y soy machista" (http://www.elcorreodigital.com/alava/prensa/20061125/articulos_opi_ala/llamo-fernando-marias-machista_20061125.html). El autor defendía (respecto al machismo, pero creo que es extrapolable a todas las formas de discriminación) que reconocerse discriminador, porque así se nos ha educado, es necesario para controlarlo y combatirlo.

Jluis dijo...

Si Guillermo, asumir que la tendencia al prejuicio es algo propio no implica que nada se puede hacer, más bien al contrario. Al asumirlo conocemos donde mirar y hacia donde ir...

June el artículo que reseñaste es fantástico y plasma perfectamente lo que quería decir con mi entrada.

Precisamente es porque somos vulnerables a la descriminación y el estereotipo, que debemos tener las espadas en alto.

Gracias a ambos

Mikel dijo...

Aupa,

yo creo que afrontar nuestros prejuicios debe basarse en tres pilares: humildad, respeto y autocrítica...

autocrítica suficiente como para identificarlos ("vale, esto que pienso no es más que un prejuicio")
respeto para poder ahondar en la persona o el asunto que genera el prejuicio ("bueno pues, veamos cómo son las cosas realmente")
y respeto como para llegar al fondo de la cuestión de una manera realista sin llegar filtrar todo lo que vemos y escuchamos con nuestro prejuicio incial... sé que no es fácil pero es comienzo!

Un saludo!

Jluis dijo...

Así es Mikel... yo veo a los tres factores que dices muy relacionados y en concreto me parece que los tres suponen un esfuerzo diario que de hacerse cambiaría mucho las cosas.

Bienvenido. Un saludo.

Mikel dijo...

De eso se trata, aunque bueno, con cambiarnos un poquito a nosotros mismos, me conformo...

Un placer esto de dar una vuelta de vez en cuando.. ;-)

Jluis dijo...

jejeje... así es, con cambiarnos un poquíto debería bastarnos.

un abrazo, y ya sabes, pasa cuando quieras, a falta de 999 puertas hay una siempre abierta

Un abrazo.

Anónimo dijo...

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