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lunes, 30 de julio de 2007

La profecía autocumplida y la interculturalidad

Es fácil recordar el fenómeno de la profecía autocumplida cuando se aborda la relación entre identidad e interculturalidad.

"La profecía que se autorrealiza es, al principio, una definición "falsa" de la situación que despierta un nuevo comportamiento que hace que la falsa concepción original de la situación se vuelva "verdadera"." R.K.Merton (Teoría social y estructura social)

Es decir que los prejuicios sobre otras culturas y los comportamientos asociados pueden llevar a que el prejuicio se vuelva realidad.

Y en este proceso, cuando hablamos de interculturalidad, los sentimientos de identidad creo que podrían jugar un papel destacado.

Por ejemplo, si considerar que "los inmigrantes no se quieren integrar" lleva, por oposición, a no proponer su participación o a obviar su opinión al planificar determinadas actuaciones, efectivamente se les está excluyendo.

Y ante la exclusión está el refugio de la "identidad" y el rechazo a unas prácticas culturales que no se sienten como propias. De este modo el prejuicio se hace real.

Me pregunto que papel jugará todo ello en aspectos como la autonomía de la mujer musulmana. O que peso tienen las expectativas sobre el rendimiento académico en los resultados del alumnado inmigrante; O qué influencia tendrán las expectativas que sobre la capacidad laboral de los inmigrantes tienen sus empleadores.

Sin ser aplicable a todo prejuicio ni a todo comportamiento culturalmente diferencial, la llamada profecía autocumplida nos llama a prestar especial atención a los comportamientos asociados a los prejuicios, y a las respuestas identitarias que generan.

Imagen (bajo licencia CC): http://www.flickr.com/photos/tommyoshima/843456052/

5 comentarios:

June Fernández dijo...

Mi padre (que es adicto a los cursos de crecimiento personal) utiliza a menudo la expresión, así como muy new age, de "programar negativamente", algo que creo que tiene que ver con ésto. Creo que el lenguaje nunca es neutral, y que cambiarlo puede cambiar la realidad (si no, releed 1984 de Orwell). Es como el adolescente que asume el rol de conflictivo que todo el mundo le impone. Al final haces lo que el resto espera de ti. ¿No?

Itsaso dijo...

Gracias por pasarte por mi blog. He estado leyendo tu perfil y parece interesante; yo estoy pensando en estudiar trabajo social para poder trabajar en algo asi pero tiempo al tiempo.

Espero que los proximos lugares también te gusten.

Guillermo Pardo dijo...

Las palabras nunca son inocentes. Saludos.

June Fernández dijo...

Inocente. Esa es la palabra que ayer no me salía.

Jluis dijo...

Pues no lo tengo muy claro June. Las palabras nunca son inocentes, vale. Una verdad como un templo. Pero también es cierto que muchas veces el uso del lenguaje refleja actitudes determinadas.

Yo creo que en este caso tiene más que ver como los prejuicios llevan a comportamientos discriminatorios y éstos a su vez, de un modo tan cruel como paradójico, consiguen, en algunos casos, que la acusación se confirme.

El punto sería como ese último paso está en deuda con el modo en que actuamos cuando nuestra identidad se siente rechazada y se nos discrimina.

No sería tanto que se asuma lo que me achacan cuanto que, en una vuelta de tuerca extraña, los que en base a estereotipos discriminan a otros serían los artífices de que aquello que rechazan se convierta en real.

Un abrazote.

Ah!!, y sobre el lenguaje, totalmente de acuerdo con ambos. Lo carga el diablo.

Ayer mismo leía la reseña de un libro al respecto que tiene muy buena pinta.

En http://www.rebelion.org/noticia.php?id=54327