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miércoles, 18 de julio de 2007

Interculturalidad y Sentimiento de Identidad

Este fin de semana ha dejado buena muestra de las valoraciones que bajo el paraguas "liberal" o "neoconservador" se realizan sobre la inmigración y la interculturalidad.

De lo dicho en el curso "Demografía e inmigración" del CampusFAES 2007, no me voy a detener mucho ahora.

Baste decir que, si bien hubo opiniones de todo tipo, las posturas más tremendistas y excluyentes tuvieron un papel destacado, y que suscribo, sin añadir una coma, lo escrito al respecto por Guillermo Pardo en Migramundo.

Me parece más interesante concentrar esfuerzos en un artículo de opinión firmado este domingo por el secretario de dicho curso, Borja Adsuara, en ABC, y que creo ejemplifica un aspecto fundamental del conflicto intercultural: el sentimiento de identidad y su reafirmación ante lo ajeno.

Hay quienes canalizan la sensación de amenaza que sienten ante la diversidad mediante la reafirmación de unos valores que solo se dibujan nitidamente en contraste con aquellas prácticas culturales diferentes.

En un postura defensiva, estos valores identitarios tienden a la generalización y la exclusión de quien no los comparte.

Este es el caso del artículo en cuestión.

Seguir Leyendo... Hay que señalar que el autor empieza asumiendo el valor económico y social de la inmigración, rechazando posturas contrarias a la misma, además de reconocer que hablar de interculturalidad supone abandonar el término "tolerancia" para hablar de "respeto".

Por eso es tan sorprendente como, una vez aclarado ésto, pasa a centrarse durante todo el artículo en lo que considera el "verdadero problema", la "imposición de unos valores, (por parte de los inmigrantes) los suyos, sobre los valores del país que les acoge."

Recuerda como en Francia, Sarkozy "ha hecho de la recuperación de la identidad nacional uno de sus ejes y prioridades" y pone un ejemplo poco afortunado extraido de cierta comedia griega. Poco afortunado, digo, por que equipara a la sociedad de acogida con los "dueños de la casa" y a la inmigración con la servidumbre.

Por resumir el argumento central del artículo es la, para él, clara paradoja de quienes vienen a España en busca de una libertad y progreso que se deben a determinados valores culturales, pero que, excusandose en el "multiculturalismo", tratan de "imponer" unos valores contadictorios con los de la sociedad de acogida. Es decir atentan contra la identidad del país receptor.

A su modo de ver, estos valores amenazados son: que "las leyes emanan del pueblo y no de Dios, que la libertad, basada en la dignidad del ser humano, es el valor fundamental y que todos -hombres y mujeres- somos iguales, en derechos y obligaciones".

En fin... para mi resulta curioso.

Resulta curioso, por empezar, que un artículo titulado "Demografía e inmigración" se centre en la identidad, o la "imposición" de valores.

Resulta igualmente curioso que, cuando sin nombrarlo se refiere mayormente a las personas de origen musulmán, se atribuyan elementos más o menos afines a sus diferentes culturas a toda la población inmigrante.

Y aún resulta más curioso por el desconocimiento que de dichas culturas y del libre ejercicio que de ellas ejercen sus miembros se demuestra.

Resulta curioso también que se use un significado del verbo "imponer", quizá el de más peso en el artículo, tan particular como erróneo.

El hecho de que diferentes valores convivan o coexistan en el seno de una misma sociedad no implica que se esté imponiendo nada a nadie. Cada cual es libre de asumir como propios unos valores u otros, unas prácticas u otras.

Y resulta curioso que se focalice la atención en aquellas prácticas que, por contrarias a los derechos humanos, se encuentran jurídicamente prohibidas y perseguidas, como si estas representasen los valores fundamentales de las personas inmigrantes.

Resulta mayormente curiosa la falta de perspectiva que supone atribuir en exclusiva a otras culturas la vinculación entre legislación y religión cuando en España la Iglesia Católica no solo ejerce un claro papel como instrumento de presión ideológica, sino que ha tratado en repetidas ocasiones de influir en la aprobación de leyes, para, esta vez si, imponer a la población en general la obligación o prohibición de determinadas prácticas (aborto, matrimonio entre homosexuales,...).

O quizá no resulte todo tan curioso si la motivación del artículo se analiza desde la perspectiva del sentimiento de identidad cuando ésta se entiende amenazada.

Manuel Castells ha estudiado en profundidad el papel del sentimiento de identidad y la interculturalidad. "la gran cuestión de las identidades es que siempre se definen en relación con el otro" de modo que "decir -yo- quiere decir -el otro- al mismo tiempo"
Nos definimos en buena parte por oposición a lo que pensamos es "el otro" y cuando dicho conocimiento es fruto del desconocimiento, los prejuicios y estereotipos nuestra identidad se siente asediada por algo tan ilusorio como amenazante.

El miedo a la pérdida de identidad paraliza y repliega sobre si mismo a las personas, distorsionando las valoraciones sobre lo ajeno y amenazante, llevando a reacciones acaloradas contra quienes no ven el mismo riesgo y tamizando todo lo que "los otros" representan en base a la generalización de aquellas características que, erróneamente, resultan más llamativamente contrarias.

Además como es ante la percepción de amenaza cuando se busca definir esa identidad, la foto fija de esta devuelve una imagen estática, reactiva al cambio, como si la identidad de cada cual no estuviese sujeta a evolución alguna.

La identidad así entendida se convierte en baluarte sitiado y refugio ante cambios y desafíos. Y esto es tanto así para miembros de la sociedad de acogida como de la como de quienes vienen a España.

Ante la "presión" cultural de la sociedad de acogida y de las novedades que implica la migración, algunas personas inmigrantes encuentran refugio en prácticas culturales a las que no prestaban tanta atención en sus países. La identidad pierde algunos de sus puntos de referencia y hay que apuntalarla.

Y es por todo ello que considero que el sentimiento de identidad es uno de los ejes fundamentales sobre el que se articulan las dificultades de la convivencia intercultural.

imagen: http://www.flickr.com/photos/greywulf/46135988/

5 comentarios:

June Fernández dijo...

Claro. No sé qué más añadir, has explicado de una manera cristalina algo que siempre he sabido pero no lo había reflexionado. Seguro que las discriminadoras son habitualmente personas inseguras. Y luego está otro fenómeno: el discriminado que discrimina.

Guillermo Pardo dijo...

El miedo es libre, pero la ignorancia es intelectualmente letal. Si algunos se molestasen en averiguar el origen de sus apellidos se llevarían muchas sorpresas "desagradables". Buen post, compañero. Saludos.

Jluis dijo...

June, el discriminado que discrimina buen discriminador será... podríamos decir, y es que es cierto.

Se aprende muchas veces por imitación... para muestra un botón... ¿no eramos un país de emigrantes hace unos días?

Un abrazote.

Jluis dijo...

Si Guillermo aunque yo sospecho que e en este caso a la ignorancia se une la falta de curiosidad y de autocrítica sobre sus planteamientos.

En fin.... Un saludo

June Fernández dijo...

Sí, el desconocimiento y el desinterés conforman un cóctel explosivo. A mí es que el purismo no me entra en la cabeza ni desde la perspectiva más frívola y superficial: con lo bonita que es la mezcla... Yo estoy orgullosísima de tener sangre celta, judía, ibérica y vete tú a saber qué más.